Qué son los sidefill

La finalidad de la utilización de los sidefill en el espectáculo de sonido.

Los Side Fill son sistemas o soluciones de audio, generalmente de 3 vías que se colocan a los lados de un escenario.Su uso específico es complementario del proporcionado por los monitores en un espectáculo.
Su uso es extremadamente conveniente, ya que supone un verdadero refuerzo de las diferentes mezclas que pueden salir de los monitores del escenario.
De este modo se permite una mejor integración del músico o intérprete en el escenario ya que le suponen una auténtica referencia al margen de su monitor.
Lo que facilita el Sidefill es redondear las mezclas, pues la referencia principal del músico en un escenario es su monitor proviniendo de los sidefill el resto de sonidos en su mezcla. DE este modo el interprete puede integrarse de una forma más eficiente en el grupo y por tanto en el espectáculo.
Resultan de gran utilidad en Festivales o espectáculos donde hay muchos artistas y no hay posibilidad de hacer prueba de sonido. Esto ayuda a poder salir de forma rápida y luego refeneciar las mezclas en el escenario.
Etimológicamente, el término proviene del inglés de “side” lado o lateral y “to fill” rellenar lo que define muy gráficamente la funcion de sonorización que pretenden.

desde: dyst

feedback!!! (acoples)

1. Definición

Los acoples (en inglés, howling) se producen por procesos de realimentación (también llamada retroalimentación o, en inglés,feedback). Cuando el sonido de las cajas acústicas (ya sean las del sistema principal o las de monitoraje de escenario) supera el sonido que entra originalmente en los micrófonos, se produce el acople.

2. ¿De que depende?

1. Nivel de ganancia acústica. Cuanto más nivel le demos a nuestro sistema mayor será la probabilidad de acople.

2. Nivel de la fuente. Cuanto más sople el saxo o más alto se cante, menor será la ganancia necesaria y menores las posibilidades de que ocurra un acople.

3. Reverberación. Cuanto mayor sea la reverberación, mayor será el nivel de presión, y por tanto la probabilidad de acople.

4. Distancia de los micrófonos a las cajas acústicas. Cuanto más lejos, mejor.

5. Distancia de las fuentes a los micrófonos. Cuanto más cerca esté el saxo o el cantante u orador del micrófono, mayor será el nivel registrado por el micrófono, y por tanto será menor la ganancia necesaria y la probabilidad de acople.

6. Directividad y angulación de los micrófonos. Cuanto más directivos sean, menor reverberación recogerán, y por ello menor será el nivel general recogido y la probabilidad de acople. En la medida que sean más directivos y sus ángulos de mínima captación estén apunten a las cajas acústicas, menor será la posibilidad de acople.

7. Directividad y angulación de las cajas acústicas. Cuanto más directivos sean, menos se colarán en los micrófonos de escenario, y por ello menor será la probabilidad de acople. En la medida que sean más directivas y estén enfocadas lo menos posible a los micrófonos, menor será la posibilidad de acople.

8. Respuesta en frecuencia de micrófonos y cajas acústicas. Si existen picos en la respuesta en frecuencia de cualquiera de ellas, esas frecuencias tenderán a mostrar acoples las primeras.

9. Posición y agrupamiento. Los modos acústicos de una sala, o las interferencias entre altavoces, pueden causar acoples en unas posiciones y en otras no.

3. ¿Cómo evitarlo?

1. Nivel de ganancia acústica. Como es bien sabido, cuanto más bajo llevemos el sistema, menor será la probabilidad de acople. De igual manera, cuando menos nivel llevemos en los monitores de escenario, mejor, incluso llegando al uso de monitoraje intra-aural (in-ear) que acabará totalmente con los acoples debidos a los monitores de escenario.

2. Nivel de la fuente. Quizá podamos convencer al sacerdote o conferenciante de que no susurre.

3. Reverberación. Normalmente no hay nada que podamos hacer con respecto a la acústica de un local, aunque en instalaciones fijas, y si la reverberación es muy alta e impide un sonido de calidad, podemos intentar que se cambie.

4. Distancia de los micrófonos a las cajas acústicas. Cuanto más lejos, mejor. A veces necesitaremos mover los altavoces hacia la audiencia o hacia fuera del escenario. Los huecos de cobertura que puedan surgir se pueden cubrir con pequeñas cajas al borde del escenario (fronfills) o sistemas de relleno inferior (downfills) que cuelgan del sistema principal apuntando hacia abajo.

5. Distancia de las fuentes a los micrófonos. A veces podremos educar a sacerdotes y conferenciantes para que se acerquen más a los micrófonos.

6. Directividad y angulación de los micrófonos. Podemos huir de los micrófonos omni-direccionales y usar micrófonos uni-direccionales (cardioides, supercardioides o hípercardioides), aunque hay que tener en cuenta que cuanto más direccional sea el micrófono, más crítico es el posicionamiento : un pequeño movimiento hacia un lado nos puede situar fuera de la cobertura del micrófono. Por otro lado, los micrófonos unidireccionales tiene un ángulo en la que la captación es la mínima; en la medida que esos ángulos apunten hacia las cajas acústicas podremos reducir la probabilidad de acople en cierta medida. En la referencia micrófonos. Patrones de captación, encontraremos información sobre los diferentes patrones direccionales de los micrófonos.

7. Directividad y angulación de las cajas acústicas. El uso de cajas acústicas más directivas permitirá reducir la probabilidad de que ocurra un acople. Si fuera posible, angulemos las cajas acústicas de forma que radien lo menos posible hacia los micrófonos. Los huecos de cobertura que puedan surgir se pueden cubrir con pequeñas cajas al borde del escenario (fronfills).

8. Respuesta en frecuencia de micrófonos y cajas acústicas. Utilizando un analizador de espectro podemos alisar los picos. Para el sistema principal (FOH) utilizaremos un micrófono de medida y un analizador, idealmente de alta resolución, combinado con un ecualizador paramétrico que nos permita ajustar los filtros de corrección a la frecuencia y anchura exactas de los picos. Si no disponemos de esos medios, usaremos un analizador de tercio de octava (normalmente llamado RTA) y un ecualizador grafico de tercio de octava. Para los ajustes rápidos en tiempo real siempre podemos tener un ecualizador gráfico independientemente de que los picos de sistema hayan sido allanados con un ecualizador paramétrico. Para el sistema de monitoraje de escenario, una posibilidad es usar el micrófono del escenario como micrófono de medida, puesto que de esta manera tenemos en cuenta la respuesta en frecuencia del micrófono y el altavoz.

9. Posición y agrupamiento. Evitemos usar más de un monitor para cada artista, de lo contrario habrá muchas diferencias de respuesta en frecuencia entre posiciones (por la interferencia entre los monitores) y será difícil ecualizar para eliminar los acoples. Si hay que utilizar dos cajas para el monitoraje de un artista, es preferible usar uno para la voz o instrumento del artista y el otro para el resto de las señales de monitor, evitando de esta manera las zonas que se producen por interferencia de fuentes.

4. Ecualización contra los acoples. Exterminadores de acoples

Hemos comentado ya que los sistemas se deben ecualizar para evitar los picos de frecuencias. Eso ya nos dará unos cuantos decibelios más antes de que ocurra la realimentación. Cuando esta ocurre, a veces se intenta exprimir la ganancia antes defeedback, y se recurre a filtros de muesca (notch). Éstos son filtros muy estrechos con mucha atenuación. La idea es afectar a un numero mínimo de frecuencias para que la respuesta en frecuencia quede lo más inalterada posible. El problema con los filtros tan estrechos es que cuando cambian las condiciones atmosféricas, en particular la humedad, cambia la velocidad del sonido. Así, los acoples se moverán ligeramente en frecuencia, y los filtros estrechos ya no los atenuarán.

Para ajustar estos filtros de muesca, o, en su defecto, un ecualizador de tercio de octava, para minimizar los acoples, el proceso que se sigue es el de ir subiendo paulatinamente el nivel del sistema hasta que ocurre el primer acople. Atenuaremos esa frecuencia, y continuaremos el proceso. Normalmente se atenuarán solo las tres o cuatro primeras frecuencias de acople, puesto que a partir de ahí se asume que hemos llegado al limite de ganancia del sistema.

En los últimos tiempos se han popularizado los exterminadores de feedback, término acuñado por la marca Sabine, que fue pionera en la fabricación de estas unidades digitales. En estas unidades unos filtros fijos de muesca se ajustan automáticamente a medida que vamos subiendo el nivel del sistema. Otros filtros de muesca son automáticos y están disponibles para detectar un acople y aplicar un filtro adecuado. Las limitaciones de estas unidades en cuanto a los filtros fijos son, como ya hemos comentado, que los acoples se pueden mover ligeramente en frecuencia y desincronizarse con los filtros. En cuanto a los filtros flotantes, a veces pueden confundir una nota sostenida de instrumento o voz con un acople, lo que no suele ser muy del agrado de los músicos. En general es preferible un buen diseño y linealización del sistema antes recurrir a estos parches digitales, aunque pueden ser útiles en determinadas circunstancias.

referencia: proaudio

Ser técnico de sonido de directo

Cuando alguien decide hacerse médico sabe perfectamente qué estudios cursar e, incluso, cuál será su periplo antes de ser ese cirujano al que aspira. Pero ¿qué pasa cuando uno quiere ser técnico de sonido de directo? Aún siendo una profesión muy vocacional, existe una importante laguna en cuanto a estudios y, sobre todo, titulaciones. De hecho, es de los pocos trabajos que no tienen un título oficial único y de los que tampoco hay ningún plan de estudios, que yo sepa, más o menos completo. Sí, en cambio, hay carreras universitarias que ayudan bastante en cuanto a conocimientos de las tareas de este tipo de profesionales, desde la ingeniería de telecomunicaciones, pasando por la especialidad de sonido de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya), entre otros más. Incluso hay varias escuelas privadas que ofrecen un plan de estudios para técnicos de radiodifusión o estudio. Si existiera alguna carrera, daría por hecho que el 75 % del tiempo se tendría que dedicar a “hacer bolos”. Pero, ¿qué significa ser técnico de sonido de directo?

Una profesión vocacional
Ser “técnico de sonido” (y ahora me centro en aquella persona que está detrás de la mesa durante el concierto y va con el grupo) es tan fácil como decirlo. Al no existir una titulación, todo se basa, principalmente, en la experiencia y confianza. Un grupo de música elije a un técnico no sólo por su capacidad laboral ante la mesa, sino por todo un séquito de varias cosas más, que van desde su rapidez de reacción ante problemas técnicos, capacidad de escucha musical (lo que convierte, algunas veces, al técnico de sonido, además, en productor musical de directo) o su habilidad para utilizar, con la máxima fiabilidad, cualquier equipo montado. De hecho, el técnico tiene no sólo la responsabilidad de procesar y mezclar todos los sonidos de la banda en un sonido estéreo de calidad, sino de adaptar esos sonidos al estilo que exija el grupo. Pero ¿cómo se llega aquí?

La mayoría de las veces es el grupo quien decide quién estará detrás de la mesa. Lo suele hacer, o bien porque sabe perfectamente qué sonido quiere y busca a un profesional que cumpla con sus exigencias o, simplemente, porque quieren a alguien de confianza. ¿Cómo lo encuentran? La mayoría de veces, de bolo.

Para estar detrás de una mesa es imprescindible dominar, a la perfección, todas las etapas anteriores. Uno debe saber cómo se monta un equipo, dominar algunos de los aspectos básicos en acústica y, no menos importante, tener la experiencia necesaria para sacar el máximo provecho a todas las herramientas que uno tiene a su alcance.

La teoría, totalmente necesaria, es fácil de aprender. Muchos somos los que, por curiosidad y profesionalidad, hemos devorado, literalmente, decenas de libros que nos ayudaran a entender el porqué de las cosas. Se genera una duda, se convierte en pregunta y se busca la respuesta. Sabíamos que un compresor nos permite controlar bastante bien la dinámica de una fuente sonora, pero sólo estudiando (leyendo) uno llega a entender el significado de todos y cada uno de los botones y potenciómetros de un compresor. Cuando se une conocimiento con experiencia el resultado incluso suele mejorar notablemente.

Hay veces (muchas) que cuando estás detrás de una mesa aparece alguien que te pregunta si realmente sabes para qué sirven todos esos botones. Los que estamos habituados a ellas sabemos que aprendiendo la “vertical” se domina la “horizontal”. Así, nos podemos dar cuenta de que, en realidad, la teoría es muy fácil de entender y memorizar. Como con la mesa, igual pasa con el resto de aparatos: procesadores de dinámica, efectos, divisores, etc. Pero lo que es imposible de estudiar (aunque ello ayuda) y sólo depende de la experiencia es saber manejar todas esas variables para conseguir lo que uno desea (que no es lo mismo que tener la suerte de que “suene a algo”). Libros y tiempo, mucho tiempo. Muchos bolos.

Paso a paso
Hay tantos casos como protagonistas. Hay técnicos de sonido que han saltado del escenario a la mesa (de músico a técnico), otros que estaban en la consola de un estudio y, de pronto, se han visto en una de directo. Pero lo más habitual es empezar desde cero, o casi cero. Se suele empezar como autónomo o en plantilla en una empresa de sonorización, casi siempre cargando y descargando camiones o furgonetas. Poco a poco, y en correspondencia a esas ansias de saber, uno aprende, literalmente, el oficio. Se puede empezar con un pequeño discurso, luego una banda de rock del barrio, una orquesta, etc. Con el tiempo los retos se convierten en algo habitual, pasando de la histeria al “saber hacer”. Pasan los días y uno se da cuenta de que es el que más mesa toca, aún cuando sigue trabajando en una empresa y no para un grupo. Es habitual que muchas bandas todavía no tengan su propio técnico, básicamente porque no disponen de presupuesto (a veces es nulo), y deben ser los propios técnicos montadores los que, además, lleven la mesa. Esta es, seguramente, la mejor escuela.

De golpe, uno se encuentra llamadas al móvil de grupos que conocía o ha conocido y que le piden, por favor, si les puede acompañar de gira, o hacer algunos bolos. El salto cualitativo es evidente, pero también la responsabilidad.

Producción técnico/musical
Cuando uno acompaña a un grupo en su día a día como técnico de sonido se le exige más que cuando sólo está detrás de la mesa temporalmente. El técnico se convierte en uno más de la banda, al mismo nivel, por decirlo de alguna manera, que cualquiera de los músicos que están encima del escenario. Su nivel de responsabilidad es superior (por eso ahora cobra más) y no puede cometer errores. Pero el técnico, además, ejerce varias funciones que pocas veces se especifican. Para empezar, se convierte en la última palabra del grupo: todos tocan, él “interpreta” las señales y de ahí sale la “música”. Su trabajo ahora no es sólo hacer entendible lo que los músicos interpretan, sino otorgar sentido y personalidad a ese sonido general. Debe conocerse como cualquier otro músico el repertorio de arriba abajo, haber discutido con el líder de la banda (o productor musical de turno) el sonido que quiere para cada tema o sección. Saber buscar los mejores efectos de sonido (a veces, incluso, saber prescindir de ellos), la compresión o expansión ideal para ese momento, el tiempo de “delay” acorde al compás musical…
A cambio uno también recibe la satisfacción de poder trabajar continuamente en un proyecto donde puede aportar toda su experiencia y saber hacer en su plenitud. Normalmente, a los pocos bolos de la gira, el técnico ya sabe anticiparse a los músicos y “regalar” a los asistentes auténticas perlas sonoras. Y, normalmente, nadie suele darse cuenta de ello, y es que la mejor crítica que un técnico puede recibir es, justamente, el silencio, sobre todo cuando lo habitual es la crítica negativa.

Entre sus labores está verificar que el equipo que está a su disposición está perfectamente instalado: colocación de las cajas, situación de FOH, equipos pedidos, etc. Todo esto suele especificarse de antemano en lo que llamamos “rider técnico”, una hoja de trabajo que se envía a la oficina de producción de turno para que sepa nuestras necesidades técnicas. En él hay la mala costumbre de exigir (qué bonito sería pedir) todos los requerimientos en cuanto a microfonía, distribución de los músicos en el escenario, marcas de los equipos, etc. También es tarea del técnico elaborar este rider, en cuanto a que él será quien tenga que utilizarlo durante el bolo. Leyendo algunos de los centenares que me han llegado a mis manos nos podemos dar cuenta de que, a veces, la exageración se hace patente como nota dominante. Otros, en cambio, denotan la clara profesionalidad del técnico de turno, pidiendo material de calidad pero acorde a las posibilidades de cualquier empresa de sonido convencional.

Es esencial que el técnico empiece su labor verificando el rendimiento del equipo, pasando por la verificación de la colocación de los micrófonos en los instrumentos (y no por desconfianza, sino para conseguir el mejor sonido de las fuentes) y dedicarse de lleno no sólo a que por PA el sonido sea de calidad sino, en el caso de que no viaje un técnico de monitores con el grupo, asegurarse de que los músicos están cómodos en el escenario con el monitoraje. Durante el concierto se deja a un lado el trabajo de técnico para adentrarse en el de la producción.

¿Puede un técnico vivir de esto? Evidentemente sí. Y no sólo los técnicos que van con el grupo, sino de cualquier tipo. Incluso el que sólo se dedica a montar equipos puede encontrar empresas que le ofrezcan trabajo casi todos los días de la semana. Eso sí, todos tienen que ser conscientes de algunas cosas tan básicas como reconocer que, durante muchos días, mientras todo el mundo está de fiesta, uno está trabajando; o que los horarios “comerciales” están poco pensados para nosotros: dormimos de día, trabajamos de noche.

Aún así, no es difícil saber compaginar una vida “normal”, con la de técnico. Con un poco de esfuerzo es posible mantener relaciones personales y de amistad con gente “normal”, a cambio de saberse organizar mejor.

Y en cuanto a sueldos aquí funciona lo de que cuando uno es mejor, más cobra. Evidentemente, quien paga siempre buscará el precio más bajo, pero si uno vale (y esto sólo se demuestra con el día a día) fácilmente obtendrá unas rentas muy buenas.

Conclusión
Animo desde estas líneas a todos aquellos que quieran ser técnicos a “luchar”. Sí, esta palabra suena un poco dura, pero los técnicos de sonido (todos) hemos tenido que lidiar (y todavía lo hacemos) contra muchas barreras invisibles, pero todas ellas franqueables. El esfuerzo se ve recompensado, tarde o temprano, con nuevos retos, más dinero y mejores trabajos. Incluso aquellos que, sin ser verdaderamente técnicos, ejercen como tales y con sueldos increíbles, tarde o temprano (más bien temprano) son colocados por alguien en su sitio natural: pierden el trabajo.

Aquel que se esfuerza y da lo máximo de sí día a día obtiene resultados a las mínimas de cambio. Ser técnico de sonido de directo es una experiencia increíble para muchos, eso sí, muy dura, pero reconfortante. No hay nada mejor que ver a 100, 1.000 ó 10.000 personas disfrutando de un concierto y reconocer que, detrás de todo ello está una banda de música, un equipo de sonido, un equipo de profesionales a cuál más importante y, al final de la cadena, tú.

Ramon Sendra

David Blaine Street magic

Gates vs. Jobs (subtitulado)

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